La importancia de la resiliencia en la práctica docente

Esta es una reflexión general sobre el concepto de resiliencia desde el punto de vista de la práctica pedagógica. En principio, podría parecer un término alejado de la terminología de la didáctica, pero nuestro trabajo se centrará en mostrar que la resiliencia es un tipo de capacidad que está presente de una manera u otra en el día a día de las aulas de Secundaria y Bachillerato. Y no sólo por parte del docente, sino también desde el punto de vista del alumnado. Así pues, nuestro trabajo se plantea como una reflexión desde la práctica sobre esta cuestión. Habitualmente, se espera que nuestros alumnos centren sus esfuerzos en todo tipo de áreas de estudio con el fin de conseguir el éxito académico. De este modo los itinerarios académicos parecen diseñados para garantizar este éxito, los estudiantes se convierten en el producto de este. Sin embargo, la especialización se hace cada vez a una edad más temprana a través de la elección de itinerarios escolares y asignaturas optativas con el fin de dirigirlos hacia un futuro profesional -escasamente garantizado por la inestabilidad económica actual-.

En este contexto, en el que muchas veces la desmotivación es la sensación generalizada del aula, nuestra propuesta consiste en fomentar actividades menos ‘productivas’, en apariencia. Es decir aquellas actividades que, aunque no aparecen de manera directa en los curriculums, alcanzan los intereses y las vivencias del alumnado de una manera tangencial. Así pues pensamos que es hora de volver a explorar la naturaleza humana y potenciar ciertas capacidades a través de la educación que ayudarán a nuestros alumnos a hacer frente al fracaso escolar, la frustración y miedo al futuro, en ocasiones poco prometedor. Los tiempos están cambiando, las estrategias pedagógicas tienen que hacerlo también. En este sentido es donde entra en juego el concepto de resiliencia.

La resiliencia, no es un concepto nuevo, si bien ahora ha comenzado a destacar en las nuevas tendencias educativas. Según la RAE, la resiliencia es “la capacidad de adaptación de un ser frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos”. Sin embargo, de su etimología obtenemos un significado algo diferente. Herminia Goma ha redefinido este concepto como “la capacidad de un individuo de recuperarse frente a situaciones críticas”. Sobreponerse, tomar el control de la situación, con el fin de alcanzar nuestro objetivo frente a las adversidades. La frustración generada por las desigualdades económicas, sociales, llega también al ámbito educativo donde, a pesar de reivindicar la igualdad de oportunidades, se sigue clasificando a los estudiantes con calificaciones numéricas. En muchas ocasiones, los estudiantes no se sienten sujetos, solo cifras. Es necesario recordar que, antes que alumnos, son personas, que muchos de ellos arrastran problemas invisibles en el aula, que muchas veces se pasa por encima la dimensión personal, existencial, única de cada uno y de cada una de ellos. Es por esto que el concepto de resiliencia se vuelve esencial para el desarrollo personal, la realización del individuo y su mayor flexibilidad mental. Juega aquí un gran papel el peso que sostienen padres y profesores para hacer llegar este mensaje a los jóvenes, cada día más atemorizados por la posibilidad del fracaso.

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La flexibilidad emocional es un elemento esencial para afrontar por ejemplo los instantes de esperanza, de crecimiento, de valorar la belleza de las cosas sencillas que nos brinda la vida; es una habilidad clave para el desarrollo de la capacidad de recuperación. En muchos casos, esto se podría considerar Mindfulness pero la práctica de la resilencia es sólo una etapa de este tipo de terapia y/o forma de meditación. Hay momentos durante todos los días, miles de ellos, que afirman que los estudiantes están aprendiendo, siendo perseverantes y construyendo un sentido de comunidad entre sí. Es necesario reconocer estos momentos, nombrarlos, resaltarlos ante ellos y para nosotros mismos ya que como educadores damos ejemplo. Se podría decir que los niños y adolescentes son una especie de WiFi emocionales que captan y reproducen lo que perciben de nosotros, de ahí la gran responsabilidad que recae sobre el educador el practicar la resiliencia y enseñar cómo llegar a ella. De hecho, existe un proverbio latín que dice lo siguiente: “Aprendiendo enseñarás y enseñando aprenderás”.

 

No consideremos que la resiliencia tiene que estar sólo en un extremo de la cuerda, el profesor también tiene que experimentar el proceso. Al tener en cuenta la permeabilidad del alumno, al estar abierto al proceso de aprendizaje y al cambio de estado que supone en el alumno, el profesor va a notar lo que significa sentirse mejor. Y esto es importante, muy importante, primordial. La tarea de enseñar es una tarea ardua. Cada día, necesitamos dosis masivas de esperanza e inspiración. Debemos revertir los mensajes represivos que desalientan las ganas de aprender. Algunos de estos mensajes desalentadores se traducen en situaciones reales, concretas, del aula, en la que la motivación es interpretada como castigo. Entendemos que, en este sentido hay mucho por hacer en nuestro sistema educativo para que podamos satisfacer las necesidades de nuestros estudiantes. Añadamos a todo esto que, además, tenemos que lidiar con nuestro cerebro y este está diseñado para notar las cosas que no están funcionando correctamente, o que pensamos que no lo están, en vez de focalizar en los pequeños éxitos diarios. Nuestro cerebro es como un teflón para los pensamientos positivos, y en lo que concierne los pensamientos negativos, un velcro.

La buena noticia es que nuestro cerebro es capaz de volver a colocarlos en el orden de prio- ridad que les corresponde para sentirnos más tranquilos y felices. Podemos entrenarlo a darle importancia lo positivo e ignorar lo negativo poniendo en práctica el PNL (Programa- ción Neurolingüística) pero hablaremos de ello en otro artículo, ya que se trata de un tema que requiere de un mayor desarrollo. Nos gustaría detenernos en el comentario de uno de tantos vídeos que internet nos ofrece con el fin de motivar a los adolescentes. En este, llamado “Famous Failures” -curiosamente del canal “Motivating Success”- nos muestran ejemplos de personajes públicos de los que también dudaron de sus capacidades, pero que consiguieron sus objetivos, como es el caso del físico más famoso de la historia, Albert Einstein, del que no se esperaban buenos resultados académicos. Como profesora de inglés, utilizo vídeos en este idioma, como el realizado por la organización “The School of Life” llamado “Keep Going”. En este podemos ver como una persona – representada por una figura de lego- se puede llegar a frustrar cuando sus expectativas distan mucho de la realidad. En él se refleja la tristeza y el decaimiento, pero cómo, con determinación y constancia, se puede llegar a lograr los objetivos de uno.

A photo by Lucas Löf. unsplash.com/photos/weqZJ1WNYj8

La necesidad de enseñar la resiliencia no como un contenido de currículum sino como un medio vehicular para asentar conocimientos debería ser una prioridad en nuestra prác- tica docente, más allá de la hora semanal dedicada a la tutoría. A menudo me encuentro alumnos en situación de miedo al error o al fracaso o incluso al concepto mercantil de las notas. Si nos equivocamos, es una parte más del proceso de aprendizaje. Y, personalmente, no hay nada como predicar con el ejemplo: escribir o cometer algún error en clase para que ellos lo corrijan, otorgándoles parte del protagonismo, transmitiendo el mensaje de que ellos pueden alcanzar sus metas, no solamente en la asignatura sino también en la vida. La participación y el debate también son esenciales para afrontar la adversidad. Dejar de lado el currículum por unos instantes y hablar, compartir es una manera como cualquier otra de ponerlo en práctica. Y sobre todo, dar ejemplo nosotros como educadores.

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Entonces, ¿cómo se puede reconectar el cerebro? ¿Cómo se utiliza esta estrategia para aumentar nuestro bienestar y aumentar nuestra capacidad de recuperación? A partir de mañana, imagina conectar un escáner a tu mente que hará hincapié en todos los momentos de éxito, esperanza, crecimiento, belleza, temor e inspiración. Seamos conscientes de ello según se entra en el edificio y en el aula, a medida que lleguen los estudiantes, a medida que los saludas, y así sucesivamente. Pasemos unos minutos escaneando nuestra mente antes de salir de casa, no permitamos que la negatividad y la frustración personal afecten a nuestros alumnos, ni que el mal transcurso de una clase tenga una repercusión negativa en las siguientes. Durante el día, ya que la mente se da cuenta de estos momentos de esperanza, nuestro trabajo es prestar atención sólo por un par de segundos y registrar la observación positiva de cada detalle, del papel tan importante que tenemos en nuestra sociedad formando futuros adultos y del impacto global que tenemos en la sociedad. Démonos puntos de bonificación si anotamos algunas de estas observaciones positivas en cualquier soporte (papel o digital), ya sea durante el día o al final. Una palabra o frase que los capture es suficiente. Probemos esto durante una semana, y valoremos cómo nos sentimos. Respiremos hondo antes de gritar para llamar la atención ya que el grito gene- ra grito, el enfado provoca miedo o rechazo. La parte más difícil de esta práctica es que acordarse de hacerlo. Consideremos la posibilidad de escribir notas recordatorias y colocarlos alrededor de nuestra habitación. Es posible afinar la puntería de las palabras cada día. Por ejemplo, un día, establecer una intención para notar éxitos con un estudiante específico, o tal vez un período difícil. Otro día, tratemos de darnos cuenta de momentos de alegría o de calma durante la clase. Al darnos cuenta de los momentos en los que nuestros estudiantes están aprendiendo, nos están sorprendiendo, cuando nos sentimos bien de cara a la belleza de la enseñanza, o cuando nos sentimos en harmonía con los demás, aumentaremos nuestra capacidad de recuperación. La desconfianza, la generalización e incluso las comparaciones por parte de los docentes y padres son puntos a evitar a la hora de desarrollar la resiliencia. El fin no es volver a ser, sino crecer. Evolucionar, transformarse y adaptarse. En definitiva, superarse a uno mismo a pesar de la incertidumbre, hacer frente al futuro; crear un futuro.

WEBGRAFÍA

WWW.THESCHOOLOFLIFE.COM

http://WWW.CCMA.CAT/CATRADIO/LOFICI-DE-VIURE

WWW.YOUTUBE.BE

WWW.EDUTOPIA.ORG

http://GREATERGOOD.BERKELEY.EDU

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